Información y texto editorial publicados en GARA el 30 de noviembre de 2000 alertando sobre la obscura redada desencadenada en Pamplona durante varios días.


      CR0NICA
      Una redada con muchos fantasmas

      El recorrido cronológico de los cuatro días de redada de la Policía española en Iruñea está jalonado de sombras. Estos son los datos objetivos, al menos los conocidos. A partir de ahí, caben las interpretaciones.

      Alas once de la mañana, la radio escupe un teletipo de urgencia: «Detenido un joven con una pistola en Pamplona». Las primeras noticias son confusas, pero coinciden en que su acompañante ha logrado darse a la fuga. Una emisora asegura incluso que ha huido llevando bajo el brazo una bomba-lapa. Durante la jornada aparecerán otros testigos que matizarán esta versión: uno de ellos niega directamente que Iñaki Beaumont intentara sacar una pistola.

      Lo cierto es que la ciudad aparece ocupada en cuestión de minutos. En la calle Curia, el despliegue policial es imponente, aunque agentes de la Policía Municipal aseguren que se debe a la visita de la alcaldesa, Yolanda Barcina, a un edificio próximo. Los chalecos antibalas denotan que ahí pasa algo más. Luego se sabrá que han entrado al piso de Iñaki Beaumont, sin secretaria judicial. Al parecer, en el registro se halla munición. Ni la pistola ni las balas han sido mostradas todavía.

      El epicentro de la operación está en Donibane. La Policía se lleva dos coches ­uno de ellos de la madre de Beaumont­ de los que nunca más se oirá hablar, y registra un piso en la misma calle Virgen de Ujué. Nadie sabe, a día de hoy, quién es el dueño del mismo, si es que lo tiene.

      La Policía da palos de ciego en busca del fugado, como demuestran las entradas en las herriko tabernas de Errotxapea y la calle Jarauta. Aquí, los uniformados encuentran una cara conocida, la de Carlos Iñigo, militante de Haika, como Beaumont. No hay orden de detención alguna contra él, pero alguien parece decidir que ese hilo puede ayudar a deshacer la madeja. «Tú te vienes con nosotros», le dicen. Durante los siguientes dos días, nunca sabrá de qué se le acusa, pero será llevado incluso a Madrid, a la antesala de la Audiencia Nacional. Y, antes de acabar el día, la Policía ocupa la sede de Haika, de la que se llevan un ordenador y documentación.

      Anochece también con el sonido de fondo de las sirenas policiales. Policías registran, casi piso por piso, la calle San Alberto de Donibane. Las identificaciones de jóvenes transeúntes se cuentan por cientos. Hay escenas que recuerdan a Hollywood, como la del coche policial cortando el paso a un vehículo con dos jóvenes. Pero es Iruñea.

      El sábado por la mañana, en los medios de comunicación dominan las noticias que enlazan y mezclan en un totum revolutum la kale borroka, Haika y ETA. Al mediodía se hace pública la identidad del joven Jorge Olaiz como la persona fugada. Más elementos para divagar acerca de «la nueva ETA». Ni el piso de Olaiz en la calle Jarauta, que llama la atención por la ikurriña y las banderolas de los presos de las ventanas, ni el de sus padres son registrados. La Policía prefiere acudir a la calle del Carmen para entrar en dos pisos del número 36, uno de ellos propiedad de la tía de Olaiz y otro de un conocido insumiso. Cuando GARA y otro medio llegan al lugar, los policías se llevan consigo a una mujer que parece detenida. El jefe del operativo se explica: «Pensaba que no, pero sí que ha habido una detención». Cuando se marchan, la prensa accede al inmueble. Además de constatar el «patinazo» que se lleva por delante a Aitor Merino, allí no se echa en falta a nadie.

      La prensa dominical añade más factores de confusión. Un diario local habla de la posible tercera detención de un donostiarra con las iniciales A.M. ¿La mujer de la víspera? No, los datos corresponden a Aitor Merino. A estas alturas queda claro ya que a alguna fuente le interesa aparentar que las detenciones se van ampliando. Por si hicieran falta más pruebas, Tele5 confirma en sus informativos del mediodía y la noche que hay una detenida. Entre tanto, la Policía sigue sin entrar en el domicilio de Olaiz, aunque los vecinos constatan que el lugar está controlado policialmente de forma intensa. En Madrid, Iñigo queda en libertad sin declarar siquiera ante el juez. La Policía le ha preguntado, eso sí, por Haika. En las redacciones de algunos periódicos se cocina la «noticia» de que el supuesto comando se llama Amaiur, como el proceso de fundación de Haika. Otro elemento para novelar.

      El lunes, se produce por fin la entrada y registro en el piso de Olaiz. Se «captura» un ordenador, un escáner y algunos papeles, nada importante. Los coches siguen patrullando intensamente, y encuentran esta vez otra cara referencial, la del joven abertzale Gorka Gómez. Se le detiene oficialmente por una pintada en un coche policial, pero en realidad se le interroga... por Olaiz.

      A primera hora de la tarde finaliza la incomunicación para Iñaki Beaumont. Su comparecencia ante el juez no responde al guión habitual: el joven niega rotundamente que pertenezca a ETA y que portara una pistola. Incluso el abogado de oficio que le asiste reclama su puesta en libertad ante la falta de pruebas.

      Quedan por esclarecer más incógnitas, como la del misterioso registro de Virgen de Ujué, o la de la mujer de la calle del Carmen. La responsable de prensa en la Delegación del Gobierno desmiente al jefe policial, a los testigos y a Tele5. «No es cierto, no hay ninguna detenida».


      Las sombras dominan la última operación policial en Iruñea

      La última operación policial desarrollada en Iruñea y que se ha saldado de momento con la detención y encarcelamiento de Iñaki Beaumont contiene numerosos puntos oscuros que invitan a alimentar múltiples sospechas. La inexistencia ­o al menos la no presentación pública tan características de otras operaciones­ de elementos básicos como la supuesta bomba-lapa y la pistola de las que se hablaron en un principio, una detenida desaparecida, un fugado cuyo piso no se registra mientras la Policía está entrando en numerosos locales... son indicios suficientes para que los partidos y formaciones sociales que defienden el Estado de Derecho tomen cartas en el asunto. *

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